Una noche fría y lluviosa, bajo un cielo frío y oscuro, las calles envueltas en sombras, sombras de lo que una vez fue; y que quiere volver a ser, las luces solo aportan una leve esperanza a los eternos caminantes, masas sin forma que caminan sin rumbo, las pequeñas alimañas correteando por las calles mientras que robustos seres caminan entre las sombras, acechando, la melancolía de los viejos recuerdos es lo único que mantiene a esos espíritus en movimiento...
Un joven lobo despierta de lo que parece haber sido un largo sueño, sus pesados ojos empiezan a abrirse, vislumbrando las cegadoras luces de lo que parece una habitación para rituales, grandes espejos cuelgan de 6 pilares alrededor suyo, las luces poco a poco toman la forma de antorchas de un color esmeralda que rodean la habitación, el chico se encuentra acostado en una mesa de piedra con unas extrañas runas alrededor de la misma puestas en un patrón hexagonal, las paredes se ven mohosas y lúgubres y un aire frío y macabro se respira en el ambiente.
Más por instinto que por meditación, el chico se levanta de la mesa y trata de alejarse corriendo de ese lugar, pero no le es posible definir su camino en la oscuridad bajo tan tenue iluminación; no puede pensar claro, el aire viciado exprime sus pulmones, la presión hace que su cabeza dé vueltas y decide ocultarse en un pequeño recoveco en medio de dos pilares para poder recuperarse.
-"Donde demonios me encuentro?? Y como carajo terminé aquí???"- Piensa muy para sus adentros mientras poco a poco recupera el aliento y logra vislumbrar mejor sus alrededores, más pilares y esculturas talladas en horrendo detalle logran sobre-saltarlo aún más, pero logra guardar la compostura y decide encaminarse más dentro de los oscuros pasillos, mientras lo que parece ser un susurro le habla en una leve y espectral voz... -Síguenos... Por aquí... Deprisa...- Susurran las voces en su cabeza. -Rápido... Te encontrará... - Susurran de-nuevo mientras el chico apenas y puede moverse por el miedo...- C-como que me encontrará? Q-quién eres??- Pregunta el chico a punto de entrar en pánico. - Somos aquél que mora en estas catacumbas desoladas, el guardian de las nuevas almas en busca de redención... - -Espera... Almas? Estoy... Muerto? - -Te explicaremos todo cuando lleguemos a la ciudad, ahora... Corre!- Un poderoso y bestial rugido hizo que los pasillos se estremecieran en sus cimientos, mientras se comenzaban a oír pasos de algo gigantesco en dirección al chico...
Una luz apareció entre las tinieblas y el chico pudo ver con mayor claridad el camino que yacía ante él. -Síguenos... Si él te encuentra, tu destino será terrible...- La luz entonces comenzó a moverse y el chico, aún dudoso de las intenciones de esas voces, comenzó a seguirla tan rápido como pudo.
Los pasos sonaban cada vez más fuertes y más cerca, mientras que el lugar se llenaba de la pestilencia de la muerte, el chico solo sabía que algo inmenso lo seguía, podía sentirlo en cada hueso de su ser, temía lo peor y rezaba por esa sensación desapareciera... Pero Dios seria capas de oírle en la profundidad de donde sea que se encontrara ahora? Acaso habría alguna deidad que lo escuchase dentro de ese rincón del averno? De momento solo las voces podían guiarlo, pero hasta que punto...?
La luz serpenteaba a través de los pasillos tratando de llevar el ritmo del joven quien; mientras más avanzaba; parecía recobrar sus sentidos a un ritmo más acelerado, logrando esta vez mantener el paso a trote lo cual les daba una ventaja mayor a lo que los perseguía, pero la tensión y el pesado aire pasaban factura mientras más se alargaba la persecución, de pronto un silencio espectral inundó el pasillo... Algo no andaba bien...
Un golpe ahogado resonó en los pasillos, y otro, y otro,haciendo eco en la habitación, de repente una pausa que pareció eterna llenó al joven de incertidumbre -Parece... Parece que se cansó...- El orbe parecía inquieto, como si presintiera algo, su color; de sér un ligero azúl cielo; se tornaba mas pálido, parecía una reacción de alerta, y como si de un terremoto se tratase, la habitación se sacudió de repente y el techo de la habitación se comenzó a colapsar, el espíritu y el chico corrieron con todas sus fuerza mientras que notaban que un gigantesco ser los perseguía entre el polvo y los escombros de un pasillo ambiguo, la criatura parecía medir de 2 a 3 metros, deforme, musculoso y de muy mál carácter, quien llevaba un gran cuchillo de carnicero manchada de sangre lo cual le daba un aspecto terrorífico y amenazador mientras la saliva escurría de su boca, y sus ojos inyectados de sangre los miraba con una profunda ira, a lo lejos se divisaba un pequeño agujero que se habia abierto por el temblor, el chico corrió con más fuerza hasta llegar a ese pequeño espacio, nada le importaba ya, solo quería salir de aquél lugar... Una pequeña brisa sopló en sus rostro, una sensación de alivio inundó su cuerpo, y por tan solo unos instantes sintió el llamado de la libertad... Solo un momento, hasta que sintió la estrepitosa fuerza de la mano de aquella criatura tomarle fuertemente de la pierna, casi al punto de querersela arrancar; entre alaridos y gruñidos la criatura parecía maldecirlos en un idioma extraño, algo bizarro entre el arameo y el latín, en ese momento el orbe comenzó a brillar con tál intensidad que el chico quedó cegado por unos instantes; antes de notar lo que habia ocurrido; el chico vio como el brazo de la criatura yacía cercenada a sus pies mientras aquella cosa soltaba alaridos de dolor ahogados por la malformación de su boca, el chico solo le tomó un instante recuperarse del shock para poder levantarse y salir huyendo entre lo que parecía las avenidas de una ciudad oscura y sombría, cada vez sintiéndose más aliviado de alejarse de la vista de aquella cosa pero con el miedo y la incertidumbre de saber que le esperaba a la vuelta de la esquina...
Una noche fría y lluviosa, bajo un cielo frío y oscuro, las calles envueltas en sombras, sombras de lo que una vez fue; y que quiere volver a ser, ahora un joven lobo vaga por las callejuelas de la ciudad, en busca de cobijo ante la lluvia y el frío, con miedo y muchas respuestas por ser respondidas, pero con solo la esperanza y aquel espíritu de compañía, la noche cambia por primera vez en mucho tiempo y la luna asoma su pálido rostro, curiosa ante el recién llegado...
O tal vez, curiosidad ante los acontecimientos que se acaban de poner en marcha...